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viernes, 24 de julio de 2015

Notas acerca de Un cuidador de inicios, Por Rocío García Rey

   



Revelaciones de un Cuidador de Inicios, de Tomás Browne Cruz, nos enfrenta y nos confronta a colocar bajo sospecha la genealogía oficial de la literatura occidental. El comienzo mismo del poemario nos advierte de la gran ruptura por la que navegaremos, pues desde el momento que leemos la palabra convoluciones encontramos ya el ápice de un lenguaje que desmonta las palabras y los significados que creemos únicos. Este ápice se transforma muy pronto en una oleada de nuevos argumentos y nuevos acomodos incluso sintácticos. Es precisamente tal acción: atreverse a desmontar el lenguaje y los personajes que creemos inamovibles por lo que el poemario de Browne se vuelve de ruptura.

Se trata de una poética de los inventarios literarios; inventarios que se presentan al lector fuera de la vitrina del museo literario, pues el juego intertextual sirve para formular, reformular y aniquilar una y otra vez, incluso el mismo poema. De esta manera las historias, los personajes, las frases, los diálogos se usan para darle un gran giro a la inventio oficial. Porque, ¿de dónde sale la literatura si no es de ese andamio llamado lenguaje? Pero es incluso ese andamiaje en el que los sintagmas pueden asumir la forma de tablones ya horizontales, ya verticales, ya combinados.

Estamos ante la disolución de las fórmulas que nos dotan de apariencia y que por ser precisamente apariencia nos hacen creer que la palabra, el sintagma por sí sólo revela verdad. Browne nos muestra, como Pizarnik cuando se preguntó: “Si digo agua, ¿beberé?”, que el lenguaje nos permite cambiar el orden acostumbrado de las matruskas. De ahí que leamos esta sentencia: “El dolor es una falsedad que no se reconoce”.

La vida misma no es sino mera apariencia; evanescentes somos, tal característica la devela el poeta cuando desmonta los significados edulcorados para espetarnos y decirnos: “De la vagina mezclándose con el semen nace una flor marchitándose”.

Es la literatura, los mitos, las historias y sus recovecos por los que se atreve a viajar el lápiz del autor para elaborar, ora una caricaturización de los personajes con los que supuestamente se abre parte de la historia bíblica, ora la reinvención y reacomodo de la historia griega o romana, por mencionar algunas.

Las genealogías que nombramos en un principio se vuelven turbias y desajustan las creencias pusilánimes y univocas. Así, leemos: “Eva es una manzana invisible y Adán un gusano imaginario. Caín tiene rabia de Adán y Eva no está en ningún lugar / Es una manzana invisible corroída por un gusano cualquiera/ […] De Adán sale un chorro de sangre y es una manzana roja/ Y Caín se la come como a Eva”. La yuxtaposición de vacuidades nombradas como “manzana invisible”/ “gusano imaginario” permiten la enunciación de un campo icónico en el que la violencia es casi lo único seguro en nuestros orígenes.

Si hemos dicho que la única certitud es la violencia, entonces podemos entender que la bondad como convención también se desvanezca, pues para el poeta, hemos perdido la armonía, escribe: “Perdiendo la alegría de una quietud llamada Universo”.

En Revelaciones de un cuidador de inicios el eje de la historia no son los documentos de las grandes batallas, en este texto la transgresión se halla en lo que hemos llamado un desmontaje de los otros anales : los de la literatura. Así de una forma metafórica podemos decir que el autor desmitifica y deconstruye una cierta teoría de la historia. El tiempo ¿dónde se halla? Si el mismo autor deja asentado en su primer poema:

“No hay historia”.

¿Los padres quiénes son? Los cuerpos sexualizados cambian de identidad y acaso se conserva una luna ora sensual, ora sexual. “Pero la luna reveló a la mujer desnuda”, acota el poeta.

Se entiende que la historia sea inexistente porque los referentes temporales no existen en el universo de Browne: “El secreto de Jamás era que Nunca no tuvo madre en el tiempo, /Y padre en el espacio, y hermanos en el espacio y tiempo. / Ese era el secreto de Nunca que Jamás no tuvo padre espacio ni madre tiempo”. Peter Pan queda, entonces, condenado a la ausencia de coordenadas espacio temporales.

Es en esta nueva construcción de espacios que el lenguaje gana terreno y se vuelve así, el único soporte para reinventar el mundo. Por ello los autores se vuelven personajes y los personajes son los verdaderos autores de la historia. Son mujeres como Julieta, Isis, Cleopatra y Chlora quienes pueden dotar de eros al mundo. Los dioses se vuelven terrenales por y con ellas, porque acaso nunca ha existido el espacio divino. Por estas mujeres la tierra es apta para los dioses; pero aun estas mujeres encarnan la ausencia. “Y te fuiste”, dice Browne, en el poema donde presenta a Isis.

Si hemos hablado en este texto de evanescencia, ésta queda asentada cuando el autor esgrime la sentencia: “El hombre es la muerte”. Y en medio de esa muerte, como parte de las transgresiones que devela el autor, nos enfrentamos a las otras mujeres, a quienes se les ha arrebatado la posibilidad de vida, y por ende la cualidad de eros: me refiero a las madres que han arrojado al basural a sus hijos, a las madres cuyo sexo ha sido sublimado. La maternidad como acto per se y sacralizado desaparece. “Cada hombre arrojado al basural por su madre es un secuestrador de mujeres, /Que lleva una antorcha en su pecho para quemarlas como quemarían Troya.”

Hay, en conclusión, en el trabajo de Browne, un trabajo metatextual que nos muestra que la hoja en blanco puede desaparecer sabiamente mediante el artilugio escritural para que las historias -literarias o no-, hallen múltiples rutas, múltiples versiones. Pues, aunque el autor, diga que: “La literatura distancia de la memoria”, quizá convenga pensar con el poemario que ahora presentamos, que es posible reinventar las memorias, es decir, reinventar las palabras.



Rocío García Rey

México, D.F. 05 de enero del 2015.

























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